EL HOMBRE ES “CAPAZ DE DIOS”: UN SER FINITO CON SED DE INFINITO[1]
En este tema veremos como la Buena Noticia, la revelación de Dios en Jesucristo es una respuesta a las aspiraciones más profundas del ser humano: la busca de plenitud y felicidad.
El hombre encuentra en su camino mucho dolor, motivado a veces por causas biológicas y psicológicas, pero también por la violencia y la injusticia. A lo largo de la historia siempre ha buscado la liberación en sus diversos sentidos: económica, social, política, religiosa, etc. Por su condición humana, distinta a la de los animales, siempre ha querido superarse y ha avanzado a lo largo del tiempo en civilización tecnología, etc. Pero su deseo más radical es el de la felicidad:
El ser humano es un buscador insaciable de la paz y de la felicidad. Ninguna adquisición de bienes materiales, ninguna situación vital, por satisfactoria que parezca, consigue detener esa búsqueda. Somos peregrinos hacia un destino de plenitud que no encontramos nunca del todo en el mundo[2].
Esta búsqueda de la felicidad es la huella de Dios en nosotros, por eso podemos decir que el hombre es un ser religioso. Aunque rechace a Dios o lo olvide, Él siempre lo seguirá llamando. Por nuestra parte, esta búsqueda nos supone un esfuerzo de la inteligencia y de la voluntad, además del testimonio de otras personas que nos enseñen a buscar a Dios.
Por otra parte, el ser humano puede conocer a Dios a través de la creación.
"Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza
del aire amplio y difuso. Interroga a la belleza del cielo, interroga al orden de las
estrellas, interroga al sol, que con su esplendor aclara el día; interroga a la luna, que
con su claridad modera las tinieblas de la noche. Interroga a las fieras que se mueven
en el agua, que caminan sobre la tierra, que vuelan en el aire: almas que se esconden,
cuerpos que se muestran; visible que se deja guiar, invisible que guía. ¡Interrógales!
Todos te responderán: ¡Míranos: somos bellos! […]Esta belleza mudable ¿quién la ha creado, sino la Belleza Inmutable?"[3]
Además de lo ya señalado, creer en Dios es razonable. La persona y el mundo no tienen en ellos mismos su principio ni su fin. De no haber intervenido Alguien que les diera el ser, el universo y el ser humano, por sí mismos no podrían ser. Podemos llegar al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo y que, como dice santo Tomás, “todos llaman Dios”. Aunque es verdad que nuestra época está marcada por dos posiciones enfrentadas sobre el origen de las cosas: la visión laicista o materialista y la visión religiosa. Los cristianos afirmamos que todo tiene su origen en Dios.[4]
Pero Dios no es solamente una idea o un conocimiento para nosotros. Es Alguien con quien podemos mantener una relación personal, dado que Él, infinitamente superior a nosotros, nos ha creado y nos ama.
“El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar”.[5]
Pese a lo anteriormente apuntado, el ser humano puede olvidar o rechazar su relación con Dios, pues a veces se dan condiciones culturales, económicas y políticas que obstaculizan seriamente o hacen difícil que la persona preste la debida atención a Dios. Aunque nuestro conocimiento de Él siempre será limitado e imperfecto.
Finalmente, dado que Dios se ha dado a nosotros, nuestra forma de acceso a Él es la entrega. Es importante que conozcamos a Dios tal como Él se nos ha revelado en Jesucristo, escuchando la Palabra y con la ayuda de su gracia, pero sin formarnos una idea de Dios que no sea más que una mera proyección de nuestros temores o deseos.
Reflexión personal.-
1.- VER: MIRADA CREYENTE.
Según el modo de vivir y lo que manifiestan en lo que hacen y dicen, ¿en qué suelen poner su felicidad las personas de mi propio ambiente o de la sociedad en general?
2.- JUZGAR: REFLEXIÓN CREYENTE. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud”. Encontramos estas palabras de Jesús en el evangelio de San Juan, cap. 10, 10b. ¿Cómo vives tú esta verdad?
3.- ACTUAR: COMPROMISO CREYENTE.
¿Qué puedes hacer para ayudar a los demás, incluso a ti mismo, a descubrir que Dios es el fin de nuestras aspiraciones más profundas?
Al igual que en los temas anteriores, sería conveniente que te dirigieras sencillamente a Dios expresándole lo que has sentido al reflexionar sobre este tema.










