Parroquia de San Sebastián - Sevilla

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LIBRO 1º. TEMA V-2ª PARTE

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JESUCRISTO, EN SU MISTERIO PASCUAL, NOS REVELA A DIOS COMO AMOR Y AL HOMBRE EN SU DIGNIDAD Y VOCACIÓN1

 “El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido en cierto modo a todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre… se hizo verdaderamente uno de nosotros en todo semejante a nosotros menos en el pecado (cf. Hb 4, 15)”.[1]

Jesucristo, en su Misterio pascual, se nos muestra como el hombre perfecto que ama hasta el extremo. En su vida y su muerte vemos la grandeza de la  dignidad y vocación de todo ser humano.

Nosotros también estamos llamados a amar  “como Él nos ha amado” a Dios y a las demás personas. Para ello, contamos con la ayuda de la gracia y con nuestra colaboración.

Los cristianos estamos llamados a redescubrir a nuestros semejantes la dignidad de todo ser humano. El hombre no cuenta por lo que “tiene”, sino por lo que “es”.

Además de creer que el hombre es un ser consciente, inteligente y libre, sujeto de derechos y de deberes inalienables, los cristianos damos un paso más: “Esa plenitud a la que el hombre es llamado consiste en llegar a identificarse con Jesucristo a lo largo de su vida y en su muerte, para unirse definitivamente con Dios  más allá de su vida terrena […] Creado por Dios a su imagen y semejanza, y redimido por la preciosísima sangre de Cristo, el hombre está llamado a ser hijo en el Hijo y templo vivo del Espíritu Santo”.[2]  Por eso, toda violación de la dignidad personal del ser humano es una ofensa a Dios, su Creador.

La dignidad personal es igual para todos los hombres, por eso no podemos aceptar ningún tipo de discriminación: racial, económica, social, etc.

Cada persona es única e irrepetible y al mismo tiempo es un ser social llamado a relacionarse con los demás y a darse a ellos por amor. Todo lo que hagamos por una persona, lo hacemos por la sociedad y viceversa, todo lo que hacemos por la sociedad lo hacemos por las personas. Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, prestamos servicio a los que nos rodean, haciendo hincapié en los más pobres y en los que sufren.

Para el cristiano, el bien absoluto es Dios y no los ídolos como el dinero, el éxito, el poder, el placer, etc. Hoy en día se tiende también a idolatrar al hombre haciendo que todo esté a su servicio, poniendo en peligro a la naturaleza o la dignidad de otros hombres. La actitud del cristiano es muy distinta, porque ve en todo un reflejo de la gloria de Dios.

Jesucristo, el Hijo, nos reveló que Dios es nuestro Padre. Esto nos hace a todos hermanos.

“El Dios crucificado nos muestra que el amor a Dios es inseparable del amor al hombre. Son inseparables porque Dios y el hombre están inseparablemente unidos en Jesucristo hasta la muerte. La muerte del Hijo de Dios en la cruz nos dice con claridad suprema hasta qué punto es valioso el ser humano a sus ojos, esa única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”. [3]

Todo hombre, sea cual sea su condición, es amado por Dios. Cristo derramó su sangre por todos, de ahí que todos seamos dignos de amor, en particular los más débiles y los más necesitados. De ahí que estemos llamados a amar al prójimo como Dios lo ama, como ama a cada uno de nosotros.

“El Misterio de la Pascua del Señor –su pasión, muerte y resurrección—es la realización suprema del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia todos los hombres. Este misterio se hace realmente presente en la Eucaristía. En la Eucaristía nos unimos a Cristo, en su muerte y resurrección. En ella, Cristo resucitado nos comunica el Espíritu Santo” (Cf. Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucaristia, 2003).[4]

 

Reflexión personal.-

1.- VER: MIRADA CREYENTE.

 Piensa en algún hecho en el que aparezca alguna de las formas en las que suele negarse la dignidad sagrada de la persona. ¿Por qué esa negación tiene una especial trascendencia cuando quienes la realizan se consideran cristianos?

2.- JUZGAR: REFLEXIÓN CREYENTE.

 Lee el siguiente texto del evangelio de San Mateo:

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le contestó:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el mandamiento principal y el primero, pero hay un segundo no menos importante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 36-39).

¿Qué implicaciones tiene este texto para tu vida?

3.- ACTUAR: COMPROMISO CREYENTE.

¿Qué plan general te trazas para disponerte mejor a acoger con gratitud el amor que Dios te tiene y para afianzar el amor a todos los hombres? Fíjate algún compromiso concreto y realista para acrecentar en tu ambiente la valoración teórica y práctica del valor de todos los seres humanos de acuerdo con el plan de Dios.

Al igual que en los temas anteriores, sería conveniente que te dirigieras sencillamente a Dios expresándole lo que has sentido al reflexionar sobre este tema.



[1] Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 22.

[2] Tema V, pág. 155.

[3] Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 24.

[4] Tema V, pág. 160

 

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